El origen de la propina al repartidor de butano

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La mayor parte de las personas que consumen gas butano en su hogar opta por adquirir las bombonas cuando el butanero pasa por su calle o bien a través de la app de Butano24, a diferencia de quienes deciden acercarse a los puntos de venta directos de los proveedores. Los primeros, los que intercambian con el repartidor de butano las bombonas vacías por otras llenas, tienen por costumbre dar una pequeña propina a ese repartidor. Pero, ¿cuándo nació la tradición de dar propina a los butaneros? ¿Tiene algo que ver con el aguinaldo?

Para hablar sobre propina nos hemos de remontar muy atrás en el tiempo. Tanto como para llegar a la época romana, de donde se supone procede el origen de la palabra propina, que en la época significaba “dar de beber”. Era una compensación para que los sirvientes y trabajadores pudieran tener algo de dinero para beber al acabar la jornada. Con el tiempo, el significado de la propina ha variado y es entregada a quienes creemos han realizado un buen trabajo.

En el caso del butano, la propina viene asociada al hecho de recompensar al repartidor de butano por el esfuerzo que supone traernos la bombona de butano hasta la puerta de casa. Aunque actualmente buena parte de los edificios cuentan con ascensor, hasta no hace mucho el oficio de butanero era todavía mucho más duro: subir una bombona llena escaleras arriba hasta quintos, sextos o séptimos pisos no lo puede hacer cualquiera. Por eso, los amables clientes recompensan al repartidor por su esfuerzo. Pero cuidado: no debemos confundir la generosidad que se esconde tras la propina con algo obligatorio. Como explicamos en otra entrada, la propina no es un suplemento obligatorio que debamos pagar cuando compramos una bombona de butano.

En paralelo a la historia de la propina entendemos la del aguinaldo, que es la pequeña cantidad de dinero que desde finales del siglo XIX determinados profesionales recibían con la llegada de la Navidad. A cambio de una simbólica estampita -como la que vemos en este artículo-, el butanero visitaba a sus clientes habituales, que tenían por costumbre darle una modesta cantidad de dinero. Desde mediados del siglo XX este aguinaldo se ha extendido a todos los ámbitos profesionales e incluso se ha institucionalizado bajo el conocido concepto de ‘paga extra’ de Navidad.

La propina del repartidor de butano, pues, va ligada con la tradición y el hecho de agradecerle su trabajo para traernos la bombona hasta la puerta de casa, un esfuerzo que, si bien aún sigue siendo alto, en la época en la que los ascensores no existían todavía era mucho mayor. Aunque el clásico aguinaldo va desapareciendo, la propina continúa siendo una de esas costumbres vigentes.